reflexiones

Nos va la vida en ellos y nos enseñan tanto...

mayo 22, 2015

Llevo un par de dias que tengo el blog un poco aparcado, pero he estado liadilla y el miércoles de urgencias con la peque con un susto en el cuerpo, que aún hoy se me estremece de recordarlo. Nada grave pero el malestar que se te queda, no se nos olvidará a su papi ni a mí tan pronto. Lo que tienen los niños a esta edad, que por un segundo te descuidas, y se caen o se dan un golpe…
El caso es que a raíz de este incidente, y de vuelta a casa después de urgencias, me dió por pensar en lo que un hijo significa para los padres. Pensaba sin parar que si algo grave le pasaba a Oli, jamás me lo perdonaría. Cuando uno los mira a los ojos, esos ojos sinceros y de inocencia, ojos que no conocen el miedo aún, sientes como el corazón se te estremece de imaginar qué daño podría hacerlos tristes.
Te preguntas cómo es posible que un ser tan pequeño, puede darte tantas alegrías y a la vez hacerte preocuparte tanto cuando algo le pasa. Estoy segura que muchas de vosotr@s lo habéis experimentado. ¿Cómo es posible? ¿Cómo es posible que tengan tal efecto en nosotros? ¿Cómo es posible que una vez que los traes a este mundo y los tienes en tus brazos, es imposible separarte de ellos?
Me sigo sumergiendo en mis pensamientos, como cuando iba a trabajar esta mañana en la oficina mientras pedaleaba en mi bici. Y derrepente, esperando en un semáforo, se acerca una niña de unos 12 años a los ciclistas que estamos ahí, y nos entrega un papel. Lo abro y me encuentro una simple frase, escrita a mano, en el que se lee “Hoy será un buen día”. Mi primera reacción es una sonrisa en mi cara. En esto la chica de delante mia le pregunta a la niña el motivo, a lo que ella responde “porque quiero compartir mi alegria”. Nos dan mil vueltas. Si cuando son pequeños no conocen el temor porque tienen una confianza plena en tí (cuántos de nosotr@s nos cuesta confiar al 100% en otra persona), nos siguen enseñando que hay que compartir los buenos momentos. Las rutinas y la vida tan exhausta que llevamos nos sumergen en preocupaciones constantes que nos olvidamos que también hay momentos buenos que disfrutar y compartir con los demás. ¡Ay lo diferente que sería el mundo!
Aunque yo como mamá primeriza me preocupo de vez en cuando porque hay tantas cosas que no sé y que me tocará aprender según me vengan, lo cierto es que he decidido no tener miedo (y no será la única vez que me lleve un disgusto). Ni será la única noche que me cueste dormir o que apenas duerma (ahora entiendo lo que mi madre ha pasado conmigo y mis hermanos). Pero creo que tomaré ejemplo de mi pequeña. No digo que no haya que ser cautos pero no atormentarme pensado en “si le pasara esto”, o “lo que habría pasado si…”. Tal vez sea una ilusa, o demasiado optimista, pero aunque mi vida está atada a mi hija para siempre, no me importa para nada porque tengo una maestra muy especial como es ella. ¿No estáis de acuerdo?

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